Categoría: Tomás Segovia
Tomás Segovia gana el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca
ENTREVISTA: TOMÁS SEGOVIA Poeta, ganador del Premio Federico García Lorca
“Soy un niño del exilio, sé que en parte me dan premios por esto”
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS (Madrid) 11/10/2008
“Un poeta de las dos orillas”. Así definió ayer Francisco Brines a Tomás Segovia al declararlo en Granada ganador del Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. El galardón poético de mayor dotación económica en lengua española (50.000 euros) contaba ya en su palmarés con Ángel González, José Emilio Pacheco, Blanca Varela y el propio Brines. Este año ha ido a parar a Segovia, un poeta de 81 años al que le vienen estrechas las clasificaciones (...).
(Puedes leer la entrevista completa en El País)
EL JURADO HA NECESITADO POCO MÁS DE UNA HORA PARA DECIDIR
Tomás Segovia, un 'poeta de las dos orillas', gana el Premio García Lorca
EUROPA PRESS
GRANADA.- El poeta, dramaturgo, novelista y traductor valenciano, aunque formado en México, Tomás Segovia fue galardonado este viernes con el V Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca.
Se trata del galardón de mayor dotación económica de los premios de poesía de habla hispana, con 50.000 euros, y a él optaban 36 candidaturas españolas e hispanoamericanas.
(Puedes leer la noticia completa en El Mundo.)
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El blog de Tomás Segovia
Tomás ha cambiado la dirección de su blog.
Ahora se le puede leer en:
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Presentación. Tomás Segovia
Casualmente es la segunda vez en poco más de dos meses que tengo la oportunidad de presentar a Tomás Segovia. La primera fue en la entrega de premios Extremadura a la Creación, en Cáceres. Entonces lo hice con un texto prestado y, debo confesarlo, sin haber leído un solo verso, una sola palabra de la obra del poeta. En cierto momento del acto, Tomás Segovia, ese poeta prestigioso y galardonado al que yo no había leído, salió al atril para hablar en nombre de los premiados y, sencillamente, me encantó su discreta intervención: su leve aplomo, su voz tranquila, la modesta inmodestia con la que agradeció el premio y cómo se reconoció un escritor marginal, autor de una obra poco conocida y de difícil acceso y leído apenas por un puñado de lectores a los que no dudó en calificar de auténticos valientes, algo que vino a aliviar algo el peso culpable y lacerante de mi ignorancia, pero no del todo, pues, de hecho, regresé a Plasencia con el firme propósito de superar tanto desconocimiento y tanta cobardía, de tener el dulce arrojo de leer a Tomás Segovia, y, además, con la intención de invitarlo este curso a nuestra Aula de Literatura.
Como ya les he dicho, Tomás Segovia ha sido galardonado este mismo año con el premio Extremadura a la Creación en la categoría de mejor trayectoria literaria de autor iberoamericano, y tengo la certeza de que en pocas ocasiones, o quizá en ninguna, habrá resultado tan atinada como en ésta, no sé si la entrega del premio en sí, pero sí la noción de autor iberoamericano, porque si algo hay ambiguo en lo que respecta a Tomás Segovia es el asunto de su nacionalidad. Comparando artículos, reseñas, semblanzas y notas biográficas, hay quien dice que es mejicano de origen español, quien lo considera español exiliado en México, otros que, de forma conciliadora, lo nacionalizan hispano-mexicano y, por último, están los que prefieren no entrar en materia y se limitan a dejar caer algunos de los hitos de su larga peripecia –Valencia, Madrid, París, Casablanca, México, Montevideo o Princeton– para que cada cual saque las conclusiones que considere oportunas. Esta circunstancia, en principio puramente anecdótica, tiene su importancia porque deriva de la condición de exiliado, podríamos casi decir que de eterno exiliado, del poeta y, a su vez, porque, como bien ha afirmado García Montero, «en la poesía de Tomás Segovia el exilio transciende la anécdota biográfica para convertirse en un sentimiento general sobre la poesía y la existencia humana».
Parece como si Tomás Segovia, siguiendo el camino del exilio y del desarraigo, alcanzase no diré la ubicuidad, don divino difícil de atribuir a un poeta tan rotundamente humano, pero sí algún tipo de universalidad. Segovia, a fuerza de no ser de ninguna parte, llega a ser, más que ciudadano del mundo –un concepto que, quizá por manoseado, parece difuso, algo frívolo y poco comprometido–, natural de cualquier parte, y lo consigue como resultado de un proceso que, como ponen de manifiesto libros como Anagnórisis o Cantata a solas, tiene mucho de descubrimiento del mundo y de sí mismo, en el que el poeta se libera de la irremediable condición de huérfano y asume plenamente su vocación marginal de nómada, y que lo acaba situando en un punto de observación privilegiado, en el exacto centro de coordenadas del propio ser-humano, de la pura condición de hombre, una posición central, cercana, equidistante, que es responsable también, en gran medida, de que su voz nos llegue tan certera, tan clara, tan transparente.
Ahora que conocemos el punto de vista del autor, es preciso hablar también de su mirada, ya que, si el punto de vista tiene que ver con el lugar o la posición desde dónde, la mirada nos aclara otro elemento fundamental, el cómo. Hablando de miradas, les contaré que, a veces, cuando paseo por las calles de mi ciudad, acostumbrado como estoy a cada rincón, detalle o perspectiva, me pregunto cómo la verá un recién llegado, cuál será su reacción primera al llegar: si le parecerá grande o pequeña, fría o acogedora, si la encontrará fea o si descubrirá hermosura en lugares que mis ojos, ciegos de monotonía, pasan cada día irremediablemente por alto, y entonces pienso que sería fabuloso poder disfrutar, por un instante, de esa mirada limpia e inocente. Si les cuento esto es porque creo que esa es la mirada de Tomás Segovia, la del que, no perteneciendo a ninguna parte –y entiéndase este «ninguna parte» no sólo en sentido físico o geográfico–, tiene la facultad de contemplarlo todo con los ojos nuevos del recién llegado, de observarlo todo sin prejuicios ni tapujos y con la capacidad de asombro intacta, ávida de descubrir en cualquier instante la belleza, lo que le permite enfrentarse con la misma luminosidad inmaculada, con afán igualmente celebrativo, a temas tan diversos como el silencio o la naturaleza, el verano o el otoño, el amor o el paso del tiempo, la menstruación o el sexo oral. Pero, además de gozar de esa mirada tan libre, Segovia es capaz de llegar una y otra vez con el ánimo dispuesto a no dejar preguntas sin formular, ni las más graves ni las más intrascendentes, porque todas las preguntas son al cabo igualmente vitales para descifrar el mundo, y de ahí surgen poemas claros, pero también lúcidos e inteligentes, como este breve «Enigma» que podemos encontrar en su último libro publicado en España, titulado Llegar, que dice,
Este airecillo que se va de aquí
A sus viajes inventados
Desordenando al paso mis cabellos
Y que se aleja pronto hacia llanuras mares
Pálidos horizontes
Pero a la vez se queda ensimismado
Jugando aquí sin fin con mis cabellos
Este airecillo pues ¿qué significa?
De este modo, fruto de la contemplación más desinhibida, los poemas de Tomás Segovia formulan preguntas básicas, deslizan respuestas provisionales, buscan la verdad o, al menos, una cierta verdad, y nos devuelven al ámbito siempre dubitativo e interrogante de esa pura condición de hombre de la que ya les he hablado.
Hay que tener también en cuenta que la obra de Tomás Segovia no nos alcanzaría de forma tan meridiana de no ser por el patente deseo del poeta de llegar hasta nosotros, de ser escuchado, de ofrecernos una poesía que no sea impenetrable, muy al contrario, que resulte interpretable, y para ello, para que, como pretende en ciertos versos de Cantata a solas, en silencio sepamos en qué idioma habla y reconozcamos el compás de sus jornadas, emprende el camino más arduo, el de la sencillez, que es, al mismo tiempo, el de la claridad y la transparencia, dones engañosos de la poesía, quizá los más difíciles de alcanzar, y que son el resultado de una intensa y rigurosa lucha con las palabras, la que revelan los versos de “El viejo poeta” en los que Tomás Segovia concluye,
Eso fue ser poeta
Desarmarle a mi idioma en todos sus parapetos
Por lo demás, como característica más sobresaliente del lenguaje poético de Tomás Segovia cabe destacar el empleo de un verso que se adapta a la sintaxis de la prosa, casi al modo de hablar cotidiano, y que lo hace con la ayuda de un ritmo bien marcado que, además, le permite prescindir de los signos de puntuación, otra peculiaridad de buena parte de su obra que, en palabras del poeta, tiene su razón de ser en que «las normas aceptadas de puntuación son una convención deliberada escasamente rigurosa, que tiende a producir en los modernos hablantes masivamente semialfabetizados casi tantas confusiones como las que resuelve».
Dicho lo cual, aun con la sensación de haber dejado muchas y muy importantes cosas por decir, les dejo con el autor, deseándoles que disfruten de esta primera sesión del curso y del cuadernillo, y animándoles a que, después, descubran antologías como En los ojos del día o magníficos poemarios como Llegar, Anagnórisis o Salir con vida. Estoy seguro de que pocos actos de valentía les resultarán tan gratos como este de leer los poemas de Tomás Segovia.
Juan Ramón Santos
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Mañana, miércoles, 21 de noviembre, nos visita Tomás Segovia.
A las 20.00 horas se celebrará la habitual lectura-conferencia en el Auditorio Santa Ana.
El jueves por la mañana, Tomás visitará el I.E.S. Gabriel y Galán.
Os esperamos a todos (lectores y estudiantes), en una u otra convocatoria.
20, nov | sin comentarios aulaplasencia En: Tomás Segovia compártelo
Entrevista a Tomás Segovia
« (...) Al hablar de la memoria histórica, Segovia relata un viaje a Berlín: "A los niños los llevaban a ver los museos de las atrocidades de Hitler y Stalin. Había comunicación entre viejos y jóvenes. En España los jóvenes no saben quién fue Franco y los ancianos mantienen la cultura del silencio, de no mover las cosas, de mirar para otro lado. El silencio de unos choca contra la ignorancia de los otros". Al diálogo de mudos, Tomás Segovia añade la "timidez" del Gobierno: "Entre cierta izquierda, que ahora es izquierda con mucha soda, está de moda pensar que los males fueron iguales en ambos lados de la guerra. Pues no. Basta con ver la exposición de la Misiones Pedagógicas [en el Centro Conde Duque de Madrid] para entender que la República es lo único bien hecho en toda la historia de España. Lo digo como observador objetivo. No me siento ni frustrado ni robado. Yo era un niño y pasé un poco de hambre, sí, pero a cambio de eso conocí países y estudié libremente" (...)».
(De la entrevista a Tomás Segovia realizada por Javier Rodríguez Marcos y publicada por El País el día 13/03/2007).
20, nov | sin comentarios aulaplasencia En: Tomás Segovia compártelo
Sitio
Hojas oscuras contra el cielo claro
Estoy bajo el dosel de la belleza
Bañándome en el aire intacto
En otros sitios zumba sepultado
El negro corazón del mundo
Aquí desnuda en la frescura tiembla
El alma de este sitio
Porque una cosa es esconder adentro
Un sagrado tumulto
Otra salir a la frialdad luciente
Cuyo pie danza encima de los dramas
También la tierra guarda oculto el corazón
Y deja que amanezca invisible su alma
En este sitio donde ahora he entrado
Inmortalmente protegido
Por la oscura enramada
No ha entrado nunca el Mal.
(De Llegar)
19, nov | sin comentarios aulaplasencia En: Tomás Segovia compártelo
La poesía de Tomás Segovia, según García Montero
Pensemos en esta memoria convertida en viento. Al salir al exilio, los poetas maduros estaban ya firmemente aferrados a sus nostalgias. Pero los últimos desterrados, los niños del exilio, tenían poco terreno de consuelo en la memoria; dominaba en ellos la sensación de desarraigo. No les había dado tiempo aún de tomar posesión de aquello que perdían. Es muy importante tener en cuenta esta sensación de desarraigo, de desamparo, porque en la poesía de Tomás Segovia el exilio transciende la anécdota biográfica para convertirse en un sentimiento general sobre la poesía y la existencia humana. El exilio no es simplemente un tema. Por ejemplo, la nostalgia es un tema en Recuerdos de lo vivo lejano, de Rafael Alberti, una magnífica construcción de paraísos consoladores en el pasado. La poesía de Tomás Segovia aborda el vacío del exilio como algo más, como una sensación que lo domina todo, un marco que afecta a la ciudad, al amor, a la vida, a cualquier cosa que pueda plantearse la mirada poética. El poeta es así un huérfano y escribe «La canción del huérfano», recogida en Anagnórisis (1967): «Contempla bien Meteco / huésped arisco de uno y otro arraigo / a los claros cautivos de algún orden / pesar abiertamente en los surcos del tiempo».
El arraigo y el orden aparecen como algo ajeno. ¿A qué orden pertenece el poeta? Es una reflexión que encontramos en el Cuaderno del Nómada, recogido posteriormente en Partición (1983): una reflexión que se desplaza necesariamente al territorio del poeta: la lengua, la palabra. En «Lengua bárbara», por ejemplo, leemos que el hombre ha aprendido a modelar en sus manos las palabras, para que en ellas hable un lenguaje de huellas, corporal, movible y sin sentencias. Es difícil que una persona que vive fuera del orden pueda apostar por las sentencias. El lenguaje es movible y corporal, y en la tensión dialéctica de estos dos términos está una de las raíces fundamentales de la poesía de Tomás Segovia, de su lenguaje corporal, movible y sin sentencias.
(...)
(Para leer más)
16, nov | sin comentarios aulaplasencia En: Tomás Segovia compártelo
Variaciones de la nostalgia del verano
3
La tarde injustamente sometida
Por un sol que no duda
No contará tampoco con la ayuda
De esta luz tercamente convertida
Al dogma intolerable del calor
Que hasta el martirio del ocaso
No dará nunca en su fervor
Un luminoso paso
Fuera de su fanático sofoco.
(De Orden del día)
14, nov | sin comentarios aulaplasencia En: Tomás Segovia compártelo