La Coctelera
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Categoría: Vicente Molina Foix

Seguimos dando suerte

Molina Foix, premio Nacional de Narrativa por «El abrecartas»

ABC - 17/10/07

Vicente Molina Foix (Elche, 1946) fue galardonado ayer con el premio Nacional de Literatura en la modalidad de Narrativa por su obra «El abrecartas», una colección epistolar entre Federico García Lorca y un amigo de la infancia. Ambos repasan la historia de España en el siglo XX con una mezcla de personajes reales y ficticios, «héroes y antihéroes» que el autor homenajea en «un permanente juego de espejos», según afirmó él mismo. El premio, que concede el Ministerio de Cultura, está dotado con 15.000 euros.
Molina Foix hace hincapié en no confundir el estilo de su obra: «No es una novela histórica, sino que la historia es un personaje más, que con su trazado va marcando la vida de las personas a las que vamos siguiendo a los largo de las páginas del libro». A Federico, su amigo le inspira desde la lejanía sus anhelos y sus sueños. Por las páginas del libro van desfilando personajes reales como Vicente Aleixandre, Miguel Hernández -«cuya vida y muerte trágica ocupan un importante episodio»-, Eugenio D´Ors, María Teresa León, Rafael Alberti y José María Castellet, junto a otros inventados, como Setefilla Romero, el «favorito» del escritor. La Historia reciente de España se entrecruza así con las historias privadas de todo tipo de personajes, en una novela coral cuyo mayor acierto es la fusión de realidad y ficción. «Ésa es la gran apuesta de la novela y su mayor mérito», afirma el autor.
Nada más conocerse el premio, Molina Foix declaró que escribir «es el gran placer» de su vida y que «El abrecartas» es «la más ambiciosa y arriesgada» de sus obras. «A mí me gusta la dificultad y yo sabía desde el primer momento que una novela tan extensa -más de 400 páginas- y con una estructura tan arriesgada era una apuesta difícil, pero creo que acerté porque el libro ha tenido una acogida muy buena desde el primer momento», afirmó a la agencia Efe (...).

(Puedes leer la noticia completa en ABC)

18, oct | sin comentarios Posteado por: aulaplasencia En: Vicente Molina Foix compártelo

Molina Foix, I Premio al Comunicador de la SGAE

La SGAE premia al escritor Vicente Molina Foix con su I Premio al Comunicador
La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) ha decidido conceder su Premio al Comunicador al escritor Vicente Molina Foix. Con este galardón la SGAE quiere 'reconocer a aquellos periodistas o columnistas que con su trabajo comunicativo han apoyado y defendido los derechos de los creadores', según fuentes de la entidad.
(Puedes leer la noticia completa en Actualidad Terra).

29, ene | sin comentarios Posteado por: aulaplasencia En: Vicente Molina Foix compártelo

Presentación. Vicente Molina Foix

                                                      Plasencia, 5 de noviembre de 2006

Estimado Vicente Molina Foix:

         Ante todo disculpe el que, pudiendo ir al grano y centrarme en cuestiones de más interés, comience esta carta con innecesarios rodeos, haciéndole partícipe de ciertas estúpidas, despreciables cábalas que he ido trenzando al hilo de sus novelas. Al leer Los padres viudos me llamó la atención el hecho de que el Profesor Alcaraz, esa suerte de gurú fraudulento a tiempo parcial creado por usted, hubiera protagonizado, entre otras hazañas, una gira triunfal por Extremadura. Supongo que es normal haber reparado en tan insignificante detalle: no sé si por inconfesable orgullo provinciano o por una curiosidad legítima y abierta de miras, uno tiende a estar atento a lo que desde fuera puedan decir del lugar donde nació y en el que vive. En cualquier caso, la mención a Extremadura no pasaba de ser eso, una mención –aunque no exenta de sarcamo–, y no le di la menor importancia. Que más tarde, en La Quincena soviética, apareciese un camarada burgalés llamado Cáceres no dejó de parecerme una curiosa coincidencia, pero cuando descubrí que la inquietante protagonista de La mujer sin cabeza pasaba su trágica luna de miel en la Vera y que, en su penúltima novela, Jeremy, el primer amor del vampiro de la calle Méjico, se disponía a arrojar las cenizas de su pareja en el Valle del Jerte, comencé a sospechar del desarrollo, en el conjunto de sus novelas, de una sutil, creciente y misteriosa progresión geográfica –Extremadura, Cáceres, la Vera, el Valle– que parecía acercar de forma paulatina e inexorable a sus personajes hacia mi ciudad. Cuando me hice en la librería con El abrecartas, todo me hacía esperar que alguno de los protagonistas acabaría dando con sus huesos en Plasencia, de modo que, al comprobar que uno de ellos, Alfonso Enríquez, era desterrado por una presunta actividad subversiva a Montijo (Badajoz), errando por cerca de doscientos kilómetros una trayectoria que comenzaba a parecerme segura e infalible –también inquietante, todo hay que decirlo–, no pude dejar de sentirme estúpidamente decepcionado. Por eso su visita al Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán” no dejará de tener algo de compensatorio, de poner las cosas en su sitio, eso si no responde en el fondo a alguna extraña lógica, a los insondables designios de alguna oculta trama que usted y yo desconocemos.
         Pero vayamos entrando en materia. Conociéndole como novelista y crítico de cine, me sorprendió saber que su irrupción en el mundo de la literatura había venido de la mano de José María Castellet, en la histórica antología Nueve novísimos poetas españoles, y me sorprendió también, rastreando en su bibliografía, que, después de tan destacada aparición en la escena lírica, Los espías del realista –que ya se mencionaba allí como obra inédita– no viera la luz hasta 1990, y que hasta otros ocho años después, en 1998, no publicase los poemas de Vanas penas de amor.
         Google mediante descubrí asimismo un breve texto, una escueta declaración de intenciones en la que manifestaba su condición de escritor mestizo, podríamos decir que de escritor total, resuelto, sin el más mínimo complejo de intrusismo, a hacer incursiones en diversos géneros de escritura, incursiones que forman parte de un propósito o vago programa creativo que en cierta medida ya cabía deducir de aquellos nueve novísimos poemas suyos y de las razones allí expuestas a modo de poética.
         En efecto, decía usted en aquellas líneas, al evocar la adolescencia, que era «la época en que yo cifraba todo mi futuro en la cabal dedicación al cine (dirigir películas, idea que aún hoy no desecho) y sólo para él tenía atención, todo el tiempo escribiendo sobre Hitchcock y otros autores y viendo promedios de hasta noventa films mensuales», poniendo de relieve una pasión que, por lo que he podido averiguar, no sólo le ha llevado a publicar sucesivos libros de ensayo e innumerables críticas y reseñas cinematográficas sino que, además, ha culminado –al menos hasta la fecha– dirigiendo la película Sagitario.
         Dejando a un lado el cine y la poesía, los meros títulos de algunos de esos poemas escogidos por Castellet parecían dar cuenta de otros caminos por los que había de discurrir su actividad literaria, y hablo de poemas como “Mi viaje por los teatros España” o “Dramatis Personae”, que hacían un discreto guiño al teatro, o de “Proust” o “Henry James”, pequeños homenajes a autores que, como en algún momento ha reconocido después, siguen siendo sus maestros y que revelaban allí, o así lo he querido entender, su interés por la novela.
         Como en el caso del cine, veo que, siguiendo con su ambicioso proyecto de mestizaje literario, no se ha conformado con el cómodo papel de espectador teatral, sino que ha escrito buen número de obras, desde aquel Los abrazos del pulpo, de 1985, hasta Seis armas cortas, además de un libreto de ópera. Me encontré con que también ha traducido películas, entre ellas, varias de Stanley Kubrick, actividad que no agota su labor de traductor, ya que se ha atrevido incluso con Shakespeare, incluso con Hamlet.
         Descubrimientos aparte, me he centrado fundamentalmente en su labor como novelista, el género en que se ha mostrado más prolífico y que le ha valido importantes premios, al menos, si no me quedo ninguno en el tintero, el Barral, el Azorín, el Herralde y el Alfonso García Ramos, y eso a la espera de lo que El abrecartas pueda dar de si en los próximos meses.
         Corríjame si me equivoco, pero tengo la impresión de que, por debajo de apariencias, tramas o argumentos, en sus novelas aborda en gran medida temas que gravitan en torno al vago concepto de intimidad. Son novelas de formación o aprendizaje, abruptas educaciones sentimentales que narran los entresijos de la relación amorosa, compleja, diversa, contradictoria; la dificultad de las relaciones interpersonales; a menudo la urgencia pero también, en otras ocasiones, la represión de la sensualidad, de los instintos, de cualquier opción sexual que se salga de lo establecido; que, en más de un caso, hablan de soledad y frustración. Es algo que puede resultar más o menos obvio en La comunión de los atletas, Los padres viudos o El vampiro de la calle Méjico, pero creo que puede hacerse también extensivo a otros casos, como el de La mujer sin cabeza, que, aunque a primera vista se pueda más o menos clasificar dentro del género detectivesco, desemboca en una auténtica indagación en torno a los aspectos más profundos de la identidad y el amor.
         Un poco de todo eso hay también en El abrecartas, la más ambiciosa y, según alguna reseña, la mejor de sus novelas. Al tratarse –en sus propias palabras– no de una novela epistolar, sino de una novela en cartas, con multitud de remitentes y destinatarios, esa primera persona que ha protagonizado buena parte de sus obras se multiplica, poniendo en pie un complejo entramado de relaciones entre personajes reales y ficticios en el que el narrador desaparece mientras el conjunto de voces que construyen la novela con el relato de sus experiencias e intimidades se diluye y aúna para narrar la peripecia del auténtico protagonista de El abrecartas, la cultura española del siglo veinte, marcada por la guerra civil y el franquismo, que vinieron a cortar de raíz un momento brillante, floreciente, el momento de la generación del 27, asestándole a esa cultura un duro golpe del que no se comenzará a recuperar, tímidamente, hasta los años sesenta, con un cierto retorno de las vanguardias, ubicadas en la novela alrededor del cine.
         La yuxtaposición de personajes reales e inventados es uno de los elementos más notables de El abrecartas. El lector se encuentra, junto a personajes inventados, nombres fundamentales de la política y la cultura del siglo veinte en este país, además de un tercer género, sumamente interesante, de personajes que, siendo reales, parecen no serlo –es el caso de Andrés Acero o Antonio Maenza– y que ayudan a sembrar en el lector la duda, exigiendo de él un considerable esfuerzo de diferenciación dentro de esa bien cuajada mezcla de realidad y ficción, algo que parece no estar al margen de sus intenciones como autor.
         En fin, como podrá suponer, ando tomando notas para su presentación. Por eso mismo –no es otro el objeto de esta carta–, le agradecería enormemente cualquier corrección, aclaración o sugerencia que pudiera hacerme.
         Nada más tengo que decirle. Quedo a la espera de su respuesta. Si no surge ningún problema, nos veremos en Plasencia.
         Atentamente,
         Juan Ramón Santos
         P.D. Le deseo un buen viaje, aunque doy por hecho que lo tendrá mejor que otros autores que han visitado nuestro Aula, ya que las comunicaciones por carretera han mejorado por aquí bastante últimamente. Por último, si no lo encuentra inapropiado o engorroso, satisfaga nuestra pobre curiosidad provinciana, cuéntenos si tiene algún tipo de relación –o fijación– con Extremadura.

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37

Hoy, martes, 21 de noviembre, nos visita Vicente Molina Foix.
Esta tarde, a las 20.00 horas, tendrá lugar una lectura-conferencia en el Auditorio Santa Ana. Mañana, en torno a las 12.30, visitará el I.E.S. Virgen del Puerto, si bien la lectura, por cuestiones de organización, se celebrará en el salón de actos del I.E.S. Pérez Comendador.
Os esperamos a todos, en una u otra convocatoria.

21, nov | sin comentarios Posteado por: aulaplasencia En: Vicente Molina Foix compártelo

Sagitario

Dirección y guión: Vicente Molina Foix.
Año: 2001.
Duración: 109 min.
Interpretación: Ángela Molina (Rosa), Eusebio Poncela (Jaime), Enrique Alcides (Juan), Daniel Freire (Gustavo), María Isasi (Ana), Jacobo Martín (Rafa / Omar), Mirtha Ibarra (Greta), Héctor Alterio (Gustavo), Ana Torrent (Luisa), Mónica Randall (Mari), Julieta Serrano (Andrónica), Myriam de Maeztu (Aurora), Carmen Balagué (Marta), Antonio Valero (Leopoldo).
Producción: Beatriz de la Gándara.
Música: Luis Ivars.
Fotografía: David Omedes.
Montaje: Antonio Lara.
Dirección artística: Soledad Seseña.
Vestuario: Vicente Ruiz.
Dirección de producción: Pilar Robla.

SINOPSIS

         Tres protagonistas: dos amigos maduros, Rosa (pintora divorciada que no puede seguir pintando) y Jaime (actor nacido, como ella, bajo el signo de Sagitario), y el joven Juan, un achulado repartidor de comida a domicilio. Los tres conducen la acción centrada en las relaciones amorosas que Rosa establecerá con Juan, y Jaime con un misterioso muchacho, Rafa. A su alrededor se cruza un grupo de personajes que van formando una tela de araña, a veces cómica y a veces trágica, tejida por la casualidad y el deseo. Todos -los emigrados argentinos, el chico con dos nombres y un pasado turbio, la presumida viuda cubana, la joven actriz tan dramática en la realidad como en el escenario, el explorador que regresa de la jungla africana, espiritistas, santeros, perseguidores- buscan lo mismo: llenar su vida en el vacío trepidante y mestizo de un Madrid actual donde cabe todo el horóscopo humano.

(En La butaca)

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Descartes

En un principio se creyó ver en él al desprovisto de mensajes,
al venido de lejos,
a sólo un miembro de secciones ocultas
que todo encierran en el estrecho cauce de los libros.
            -ignorantes, según se observa, lo fiel de su manejo
            con problemas de audiencia más vasta-.

Tuvieron que llegar edades más adultas
que le reconocieran.
            -algunos han pensado que hallábanse
            ante un nuevo profeta de lo inútil-.

(Los grabados de época nos muestran un Descartes
siempre sentado junto al fuego,
con el hábito negro,
más preocupado en la textura o esencia del escrito
que propiamente haciéndolo.)

(Publicado en la antología Nueve novísimos poetas españoles, de José María Castellet.
Puedes encontrar más poemas de Vicente Molina Foix en amediavoz.com)

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Entrevista: Vicente Molina Foix

JUAN CRUZ
EL PAÍS - CULTURA - 18-10-2006

(...)

P. El libro nos introduce en seguida en la Guerra Civil, desde que uno lee el nombre de Federico...

R. Es una carta que le escribe un joven campesino, que le conoció en la escuela... Luego el chico mejora su vida, se hace actor, se mete en La Barraca... Por esa vía se llega a Aleixandre, a Miguel Hernández... Y después hay más personajes reales. Y hay otros que me invento, pero algunos que son reales la gente está pensando que son inventados. Los igualo, los hago actuar desde su intimidad...

P. Hay una carta de un personaje ofreciéndose a la policía como confidente.

R. La carta de Cela; es una carta glosada, por así decirlo, y en el libro aparece como de Ramiro Fonseca... Hay un libro de Roberto Mesa, que reproduce informes anónimos de la Brigada Social del franquismo; he tomado muchas cosas de ese libro, y las reescribo. Está, por ejemplo, la revuelta de los jóvenes del 56... Hay, como te digo, cartas de Aleixandre, pero no son las suyas, son las que yo le invento... Yo tengo 95 cartas de Vicente, pero ésas no las he usado. Algunas de las cosas que Federico le dice a Vicente cuando éste le presenta a Andrés Acero (que existió, en efecto, y tuvo un gran impacto sentimental sobre Aleixandre), son inventadas por mí, pero son muy lorquianas...

P. ¿Y no ha tenido la tentación de que Aleixandre lo protagonizara todo?

R. Lo pensé. A Aleixandre lo conozco mucho; lo conocí cuando yo tenía 17 años, gracias a Gimferrer. "Vete a verlo, es muy generoso con los jóvenes", me dijo Pere. Y ahí empezó una amistad profunda. Un grandísimo poeta sobre el que no hay una biografía real. Hay una especie de limbo sobre Vicente; parece que era, tan sólo, una persona de chaleco, tumbado en un sofá y recibiendo. Pero también era una persona llena de humor, de picardía, y de pasión por la vida, y de pasiones amorosas varias... Cuando me contó su historia con Andrés Acero fue una tarde que nunca olvidaré; no lloré delante de él, pero me conmovió mucho. Me sorprendió la intensidad de la pasión amorosa de Vicente, que está muy clara en sus libros pero que ahí parece como real. Y me conmovió saber cómo la historia -y en este caso la historia de la Guerra Civil- puede cambiar la vida de las personas. Acero se fue al exilio, a México, Vicente se quedó, enfermo, su casa de Velintonia abandonada... Dudé si el libro podía ser más de Vicente. La novela tiene sus reglas, en general, y ésta no es una excepción. Fue por donde ella quiso. ¿Una biografía? Yo no soy biógrafo, ¡que la haga Ian Gibson!

(...)

(Puedes leer la entrevista completa en El País o en la web de la Federación Estatal de Foros por la Memoria).

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El abrecartas en El Cultural

RICARDO SENABRE
EL CULTURAL

      Esta nueva novela de Vicente Molina Foix se halla tan impregnada de recuerdos y experiencias personales, tan nutrida de elementos cronísticos que resulta a veces problemático deslindar la ficción inventada de la realidad y sus diversos estratos de transformación artística. Si atendemos al fondo del asunto, nos hallamos una vez más ante la reconstrucción de una larga etapa de la historia española, entre 1929 y 1999, si bien la novedad más llamativa reside en el hecho de que la historia se erige fragmentariamente, a base de yuxtaponer casos concretos centrados en distintos personajes –activistas políticos, policías, delatores, cineastas, estudiantes, etc.– cuyas circunstancias se narran en una serie de cartas que diversos corresponsales se dirigen y cuyas informaciones permiten al lector recomponer sin demasiado esfuerzo las vidas evocadas y el entorno histórico y social en que transcurren.
      Numerosas cartas y varios informes policiales forman el entramado verbal de El abrecartas. Personajes de ficción se mezclan con individuos reales, como Vicente Aleixandre o el cineasta Antonio Maenza, e incluso el autor aparece fugazmente mencionado, junto a algunos compañeros, en un par de ocasiones. Hay, pues, seres reales que actúan, que reciben y contestan cartas –como Aleixandre–, junto a personajes que a veces parecen encubrir a personas existentes y que invitarán tal vez a ciertos lectores a considerar El abrecartas como una novela en clave, de ésas cuyo principal aliciente suele ser el rastreo de las identidades que se ocultan bajo nombres ficticios, es decir, algo sin demasiado interés literario. Como obras en clave han sido leídas con frecuencia muchas obras, desde las Églogas de Garcilaso o la Diana de Montemayor hasta Troteras y danzaderas, de Pérez de Ayala, o El Giocondo, de Francisco Umbral. (...)

(Puedes leer la reseña completa en El Cultural)

21, nov | sin comentarios Posteado por: aulaplasencia En: Vicente Molina Foix compártelo